Por qué los profes de Yoga vamos a clase con otros profes

Hace unas semanillas, en los stories de Instagram de Ykile, os preguntaron qué temas os gustaría que tratásemos en el blog. Entre las muchas, variadas e interesantísimas peticiones (que iremos tratando de satisfacer poco a poco en futuras entradas), hubo una que cautivó especialmente nuestra atención y nos pareció muy interesante. El tema que nos proponían era: “Por qué recibir clases de yoga siendo profesor”. Pues bien, desde mi punto de vista, creo que acudir a clases de yoga con otros profesores es algo muy enriquecedor y necesario.

¿Por qué recibir clases de yoga siendo profesor?

Por una parte, el Yoga es una disciplina con miles de años de antigüedad y, por tanto, encierra una cantidad extensísima de conocimiento. El estudio del Yoga es interminable, distintas ramas, diferentes estilos (por cierto, te recuerdo el post en el que hablábamos de los estilos de yoga, por si te lo perdiste), diversos maestros, siglos de tradición, centenares de libros y escritos, etc.

Así, en resumen, es imposible abarcar todo el contenido, el conocimiento y la sabiduría del Yoga en una vida. Por tanto, por muy profesores que seamos, no lo sabemos todo (ni mucho menos, ni siquiera una pequeña parte) hay muchísimas cosas que aprender e incorporar. En realidad, creo que ser profesor de Yoga solo significa ser alumno de Yoga – sí sí, lo que lees- Alumno aprendiz, alumno de los que siguen un maestro (en este caso el YOGA ), los profes de Yoga somos unos alumnos más curiosos de lo normal que hemos querido seguir investigando más allá de nuestra clase de los martes y jueves de 19 a 20h. Hemos querido seguir profundizando, hemos encontrado en el Yoga un camino, un estilo de vida en el que desarrollarnos como personas, y a la vez en ese aprendizaje, deseamos compartir con otros lo que vamos incorporando a nuestra propia vida.

El yoga, una experiencia personal

Además, el Yoga es una disciplina humana, y me explico, su legado se transmite de maestros a alumnos, cada uno percibe la experiencia del Yoga de una forma particular y personal, la hace suya y después la comunica con su peculiar manera de transmitir, diferente a la de otros.

Cada profesor expresa, practica y realiza su labor de enseñanza de una manera única.

De ahí que escuchar a otros profesores sea una fuente de inspiración, una forma de abrirse de nuevo al conocimiento, incorporando algo único que ese maestro ofrece con su forma de transmitir.

En ocasiones escuchamos la misma instrucción o la misma explicación pero lo que varía es la forma, y es en esa variación, en esa experiencia en la que encontramos la luz, en la que sentimos que por fin hemos comprendido que ese conocimiento ha transcendido en nosotros. Y esto es algo mágico, nunca sabes cuándo va a suceder.

Por último ser alumno nos permite volver a fluir, dejarnos llevar por las manos y la voz cálida y acogedora de otra persona, de otro profesor que tan generosamente ofrece todas su sabiduría.

Por tanto, por mi parte, seguiré acudiendo a clases, formaciones, talleres, retiros, etc. Con otros maestros, profesores y practicantes, por todo lo descrito anteriormente, porque me permite seguir creciendo y, además, porque así me siento parte de una comunidad de yoguis y yoguinis que me conecta con lo que SOY y con mi misión y visión del mundo.

La opinión de otros profesores de yoga

Pero como me parecía que en esto mi punto de vista era demasiado personal, decidí hacer este post colaborativo y pedir opinión a otras colegas, grandes profes a las que quiero y admiro. Así que aquí os dejo sus comentarios:

Virginia González Profesora de Yoga en NonaYoga:

“Como profesor no puedes saberlo todo, y aunque lo supieras, al ponerte en posición de alumno estás en la postura de “quiero mejorar y aprender algo nuevo”. El punto de vista de otro profesor hace que enriquezcas tu práctica y quizá darte cuenta de lo que ya sabes, asentarlo y mejorarlo, cambiar o eliminar lo que no sirve. La misma instrucción, con otro punto de vista, amplia tu forma de ver y hacer tus clases, enriquece tu mente y amplia tu imaginación.

Marta Reguero profesora de Hatha y Vinyasa en el centro Dhairyam, no te pierdas sus maravillosos podcast:

“Creo que como profe tienes que buscar equilibrio entre tu propia práctica y la enseñanza del yoga. Para desarrollar mi práctica necesito combinar mi propia experiencia personal de sadhana diaria ajustada a lo que el día me permite pero también es esencial recibir una práctica guiada para separar mi mente del resultado, ceder el control y explorar otros elementos de la práctica cuando puedo potenciar esa apertura mental y física a lo que no es mi rutina. Es cierto que asistir a clase de otros profes puede ser una forma de darte ideas o salir de los patrones más comunes que cada uno repetimos en nuestra enseñanza pero en lo más profundo, cuando te entregas de verdad a una práctica guiada, lo que obtienes es más potente si logras desvincularte del resultado y vivir esa experiencia soltando y rindiéndote a ella. Es cierto que eso no lo consigues con cualquier profe y de ahí también que estemos siempre a la “búsqueda” de esa persona que nos permita vivir una clase así”.

Joanna Rivera profesora de Hatha Yoga en Yoga Center Madrid:

“Desde mi punto de vista como profesora de Yoga creo que es importante seguir asistiendo a clases y talleres para mejorar nuestra práctica. Cuanto más conscientes somos de nuestro cuerpo y sensaciones en nuestra práctica, mejor podemos transmitir al alumno las pautas de cómo avanzar en la suya.

Además, considero que el aprendizaje no tiene fin. Una vez abierta la “Caja de Pandora” ya no hay vuelta atrás. Los profesores somos eternos alumnos que simplemente comparten su conocimiento con gente que está en la misma sintonía. No existe mejor guía que alguien que ya ha avanzado un poquitín más adelante por ese camino para dar consejo siempre desde la humildad. Seguir con nuestra práctica nos convierte en profesores y seres humanos más empáticos.”

Mara Gómez Profesora de Yoga 400 RYS, en Lamiadanssa:

“La razón por la que me gusta probar clases de profesores con estilos y caracteres diferentes es que recibo un mayor y profundo conocimiento del significado de lo que es yoga. Para mi tener mas conocimiento significa tener mas libertad, mas independencia y tener herramientas para crear mi propio estilo y no seguir el de otros. También me ayuda a ver que la verdad esta en muchas partes y no en una sola. Me quedo con lo que más me resuena en lo físico y en lo espiritual de cada uno y sin darme cuenta desarrollo algo mas cercano a mi propio Ser.”

Angie Ibarra-García Profesora de Hatha y Vinyasa:

“Creo que es necesario que todos los profesores de yoga acudan a clases con otros profesores o maestros. Por supuesto, si tienen su propio maestro, que sigan aprendiendo con él o ella y que continúen practicando con una persona que contribuya a progresar en el camino, a seguir creciendo en el sendero espiritual. Pero sobre todo, en mi caso particular, cuando voy a clases con otros profesores, es porque me gusta buscar inspiración.

Siempre otros profesores, otras personas con experiencias distintas, te pueden ayudar a continuar desarrollándote como profesor, a crear ideas nuevas, a ver las cosas de otra manera. Puedes aprender a dar clases de una forma diferente pero tan válida como la propia y esto es muy enriquecedor. Son distintas maneras, ni mejores ni peores, sino diferentes, y de todo uno va nutriéndose y creciendo con todo ese cúmulo de experiencias. Cuando entro en clase con otro profe, voy buscando pequeños detalles, maneras de enseñar determinadas posturas que me ayudan en mi propia práctica y además enriquecen mi forma de dar clase. Recibir clases también es un momento en el que no tengo que estar tan pendiente de cómo diseñar mi propia práctica sino que me permito no pensar, dejo que me ajusten, que me mimen, que me guíen en savasana…

En definitiva es una experiencia muy útil en muchos aspectos, como crecimiento, como aprendizaje y porque siempre es un lujo ser una alumna y dejarte guiar.”

¿Eres profe? Me encantará que dejes tu comentario aquí abajo.

¡Gracias por leerme!

Namasté.

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